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Para tratar de entender este grave peligro, al cual el mundo occidental se enfrenta con los seguidores del Islam, es necesario esclarecer la diferencia entre los árboles y el Islam. Los primeros son apenas unos 300 millones, los segundos suman más de 1,200 millones.
Una cosa es hablar idiomas árabes y otra muy distinta practicar la doctrina del Corán, libro sagrado que el llamado Profeta Mahoma propaló entre sus seguidores y después éstos continuaron divulgando por el resto del mundo.
En Estados Unidos existen cientos de Mezquitas o Templos donde se adora a Mahoma y a su Dios Alá. Miles de norteamericanos de diversos orígenes étnicos son públicos militantes de esta región, algunos sumamente conocidos como el Ex-Campeón Mundial de Boxeo Muahamad Alí y el líder afroamericano Farrakan.
Por supuesto que miembros de esta religión no significa terrorista, pero sí, simpatizante y fanático en lo más profundo de su ser. Esto explica, como monarcas absolutos o que ejercen el poder por la vía hereditaria como Arabia Saudita, los Emiratos árabes, Omán, Somalia y muchísimos más que se dicen aliados de Estados Unidos, lo son solo en cuanto a votaciones en la ONU y medidas militares que no conlleven la persecución del terrorismo.
Terrorismo practicado no solo por “Al Qaeda” dirigida por el multimillonario Osama Bin Laden sino por 36 organizaciones declaradas terroristas por el Departamento de Estado en su publicación de octubre 22 del 2002.
Estos asesinos, idolatras de la muerte, no constituirían una seria amenaza para el mundo libre, si no contaran con santuarios como Cuba, Irán, Siria, Palestina, Corea del Norte, Libia y otros muchos países supuestamente “democráticos” pero en realidad simpatizantes del régimen Castrista y sempiternos envidiosos de Estados Unidos.
El reto que enfrentamos los que hemos optado por la democracia y la libertad de elegir nuestros mandatarios no es nada fácil. Pareciera que hemos olvidado que para destruir enemigos que están a la vanguardia, primero debemos liquidar a los que están en nuestra retaguardia.
Es imperativo considerar que el cubano que hace metástasis en países como Venezuela y otros más de América Latina no es otro que el régimen comunista de Fidel Castro. Hasta ahora hemos actuado como el avestruz que esconde su cabeza en la arena ante un peligro inminente. Que Dios ilumine a nuestros gobernantes y a los que abrazan los ideales de libertad e igualdad de oportunidades para todos, ¡antes que sea demasiado tarde!
Por José Mármol
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