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Entrevista exclusiva con el animador de Despierta América Fernando Arau Confesiones serias de un comediante Fernando Arau:
Nacido en la Ciudad de México de una familia de artistas famosos, el animador de Despierta América Fernando Arau es un hombre polifacético y entregado a Dios “como él mismo se define con sus propias palabras: “Gracias a Dios hoy día soy otra persona.
Nací de una familia de artistas famosos, que no somos familia, sino elencos, porque mi padre es primer actor, mi mamá bailarina y primera actriz, mi hermano mayor es primer actor, mi hermana menor es la consentida y yo soy el extra. Mi padre Fernando Arau es director de cine de “Como agua para chocolate”, mi mamá fue bailarina toda la vida del ballet folclórico y clásico de México, quien a su vez es hermana de Sergio Corona, el comediante de México.”
¿Cómo recuerdas tu niñez?
“Mi infancia transcurrió en teatros vacíos, viendo ensayos. A los cinco años estudié ballet clásico “en mayitas” (Arau se ríe y me dice apuntándome y amenazándome con su dedo: “¡trata de no poner esto!”), además de pantomima, música y actuación. Asimismo soy actor, escritor, director de teatro y televisión, director de cámara, iluminador, editor, musicalizador, así como libretista de radio, de cine y teatro. Soy también bailarín, músico y cantante. Trabajé 22 años en Televisa. Mi hermano mayor Sergio Arau, es el director de la película profética “Un día sin mexicanos”, en la cual yo soy el único actor que habla en español. Mi hermana menor también es productora de televisión y cine. Mi papá Alfonso Arau y mi tío Sergio Corona fueron una pareja de bailarines acrobáticos muy famosa en Cuba, durante los años cincuenta. Estudié en las escuelas de Bellas Artes de México. Sin lugar a dudas, heredé el talento artístico de mi familia.”
¿Es muy difícil ser como tú eres?
“Al principio fue difícil, pero ahorita lo hago hasta con los ojos cerrados. Para mi entrar a un escenario y pararme frente al público es mi vida. No sé hacer otra cosa.”
¿Cómo conjugas tu vida de comediante con tu cercanía y entrega a Dios?
“A los cinco años mis padres se divorciaron. Nunca sentí que mi padre había desaparecido de mi vida. A los once años de edad, durante un festival del día del padre, un niño me preguntó por mi papá. Entonces le hice la misma pregunta a mi mamá quien me respondió que él estaba en Cuba trabajando. El se había casado con otra mujer y se fue a vivir a Cuba, donde el pueblo cubano lo quería mucho. En la Isla hizo cosas importantes como organizar el Teatro Musical de la Habana y la televisión cubana antes de la revolución.
“Mi familia jamás fue a la iglesia, ni tampoco usaban la palabra Dios. Entonces yo no era ni católico, ni cristiano, ni guadalupano, ni freelance. Aprendí cosas en la calle con personas inadecuadas. Cometí muchos errores y crecí pensando que esa era la verdad del mundo. En aquella época yo no tenía ninguna relación con Dios, y aunque hice el bautizo y la primera comunión, nunca entendí por qué.
“A los quince años bailé con la que hoy es la madre de mis hijos. Ella provenía de una familia cristiana. Cuando me casé era muy pobre y trabajaba los fines de semana como payaso en los parques y también de mimo en la calle. Un día me invitaron a Televisa donde hice de mimo en el programa Cachón- Cachón. Al año y medio yo era el escritor de ese programa. Después hice otro programa durante siete años en el cual yo fuí el director, el escritor y el actor.
A las 28 años de edad ya yo era muy famoso y tenia dos hijos. Al llegarme la fama y la fortuna, sin Dios y sin ley, abandono a mi familia y comienzo a vivir solo con nuevas amistades, hasta que llega el momento en que empiezo a tener problemas de alcoholismo. Pensé que la diversión era la felicidad y llegó el momento en que me salí de la casa. Me separé de mi esposa, puse un departamento, mi sueño dorado de ricos, con cortinas finas, alfombras. Esa situación duró cuatro años. Creo que nunca me senté en ese comedor a comer. Trabajaba como comediante a las doce de la noche todos los días. Me empecé a volver el rey de la noche y la oscuridad. Cuando terminaba mi show recibía muchos regalos y la gente me aplaudía de pie con una gran ovación, porque me consideraban un comediante estupendo y, según la crítica especializada, yo me encontraba entre los diez mejores comediantes de México.
Los boletos de entrada para ver mi show se agotaban rápidamente y había que comprarlos con muchos meses de antelación. De repente me volví un consumidor de drogas. Empecé a fumar. Primero fumaba cigarros de marcas de categoría y después fumaba cigarros sin marca que yo los hacia en mi propia casa. Gracias a Dios nunca caí en una adicción. Tuve problemas de alcoholismo, pero la cocaína nunca la he probado, solamente la he olido (aquí Arau se ríe de sí mismo). Sumido en esa crisis en que me encontraba y debido al exceso de alcohol que tenia en la sangre, mi esposa y yo nos peleábamos constantemente, era horrible. Entonces mi esposa que nunca fue a la iglesia, empezó a ir junto a su mamá, porque eran cristianos.
Un día en que visité a mi hijo mayor, él me dice: -Papá, ¡Dios me habló!- Entonces yo me enfurecí terriblemente y le prohibí a mi esposa que volviera a llevar a nuestros hijos a la iglesia. Y le dije amenazante a ella: -¡No quiero fanáticos en mi familia!-. Obviamente ella no me hizo caso. Aquel día cuando salí de la casa, mi hijo con mucho resentimiento me dijo: -Yo sé que tú nunca vas a entrar a una iglesia-. Y a cada rato yo me acordaba de esa frase. Y un día desperté acostado sin camisa sobre la alfombra de mi departamento con la puerta abierta. No me acordaba como yo había llegado allí.
En ese momento me quebranté y me pregunté a mi mismo: ¿qué hago aquí aislado sin familia? Inmediatamente fui a ver a mi esposa y le dije: ¡Perdóname, me siento arrepentido! Entonces ella me perdonó, pero con una condición: que fuera a la iglesia con ella y nuestros hijos. Cuando fuimos juntos a la iglesia la cara de satisfacción de mi hijo valió mi vida completa. Ahora me doy cuenta como Dios metió su mano en lo más profundo del lodo y me encontró e hizo cambiar mi vida completamente. Por eso yo le digo a mi hijo: aquella vez en que tú me hablaste, sanaste mi corazón. Hoy en día yo soy otra persona.”
¿Qué te falta por hacer en la vida?
“Andar por ahí haciendo discípulos, evangelizando gente, seguir haciendo la voluntad de Dios y ofreciendo el testimonio de mi matrimonio en todas las iglesias. He convertido en cristianos a muchos compañeros míos de trabajo.”
¿Un mensaje divino?
“Que la gente sepa que en la vida el orden primero es una obediencia y sumisión a Dios, después tu familia, tu trabajo y la iglesia. Y automáticamente la bendición llega a ti. Soy un creyente que tengo una relación personal con Dios que no me ha creado una religión, sino un estilo de vida.
Con respecto a los Bienes Raíces?
También sugiero invertir en real estate que es la mejor inversión que se puede hacer, porque tengo varias propiedades de inversión y me va muy bien.”
Por Pedro Díaz |